Se trata de un varón de 54 años, diagnosticado en 1991 (a los 35 años de edad) de EC con patrón estenosante-fistulizante. Durante su evolución ha precisado múltiples ingresos por brotes graves y diferentes complicaciones quirúrgicas de su enfermedad.
Los primeros años tras el diagnóstico recibe tratamiento con esteroides y 5-ASA con buena respuesta. En 1995 se objetiva una estenosis a nivel de colon descendente sobre la que no se interviene en ese momento. A principios de 1999 presenta un absceso de pared abdominal que requiere intervención quirúrgica. A finales de este mismo año se diagnostica una estenosis fibrosa anal, que se dilata endoscópicamente y una doble estenosis de sigma, sobre la que nuevamente se desestima realizar terapéutica. Vuelve a ingresar en mayo de 2000 por un nuevo absceso de pared, que se interviene, quedando como complicación tardía una fístula enterocutánea, que también precisa tratamiento quirúrgico meses después. A finales de 2001 se pone de manifiesto la presencia de estenosis inflamatorias parcheadas a nivel de íleon terminal y las ya conocidas de colon descendente, una de ellas fistulizada a región lumbar izquierda que requirió resección segmentaria de colon descendente y sigma con posterior anastomosis colorrectal.
En 2004 se decide iniciar tratamiento con azatioprina, habiendo de retirarlo hasta en dos ocasiones y suspenderlo posteriormente de modo definitivo por presentar el paciente varios efectos adversos con su administración, como rigidez, artralgias, pérdida de fuerza en miembros inferiores y parestesias.
En 2007 vuelve a precisar ingreso hospitalario por cuadro de rectorragia con repercusión clínica y analítica. Se objetiva en esta ocasión una severa afectación fistulizante perianal, sin afectación de la anastomosis colorrectal junto con presencia de actividad inflamatoria a nivel de íleon terminal.
En febrero de 2008 se inicia tratamiento con infliximab, recibiendo su primera dosis tras 17 años de evolución de su EC. Presenta una respuesta inicial parcial, decidiéndose acortar el intervalo entre dosis. A pesar de ello, y ante un claro empeoramiento clínico precisa ingreso hospitalario a finales del mes de abril de ese mismo año. Se realiza una nueva colonoscopia que muestra una gran ulceración rectal y una estenosis de la anastomosis colorrectal. El estudio radiológico pone de manifiesto estenosis a nivel de íleon terminal y dilatación proximal de asas de intestino delgado. Es dado de alta con tratamiento con esteroides en pauta descendente, mesalazina, antibioterapia e infliximab (5 mg/kg cada 6 semanas). Permanece asintomático y con buena evolución durante varios meses.
Precisa nuevo ingreso a principios de 2009 por cuadro de rectorragia y dolor anal. Endoscópicamente se aprecia una importante afectación rectal, con una gran úlcera a este nivel y una estenosis casi completa a nivel de colon transverso. En un tránsito intestinal baritado se observa un íleon terminal adelgazado y de calibre reducido, sin presencia de fístulas.
Meses después, a principios de junio de 2009 vuelve a consultar por presentar desde varias semanas antes em-peo-ramiento significativo de su afectación perianal, con dolor invalidante y aparición de incontinencia. Se realiza una exploración bajo sedación dado que el dolor impide inspeccionar la zona afectada con normalidad, observándose una mucosa rectal severamente afectada, con presencia de ulceraciones múltiples, irregulares y con sangrado espontáneo y al roce del material endoscópico, así como varias fístulas. Se toman en ese momento múltiples muestras para estudio histológico y para descartar una sobreinfección o presencia de citomegalovirus. La anatomía patológica descarta cuadro infeccioso, pero se informa de adenocarcinoma infiltrante, moderadamente diferenciado en todas las muestras remitidas de recto y de ano. Se realiza entonces estudio de extensión, resultando negativo y confirmándose la confinación de la enfermedad neoplásica a recto y ano, por lo que se programa cirugía y se somete al paciente a una amputación abdominoperineal y colocación de colostomía definitiva. Cuatro meses después ingresa por tromboembolismo pulmonar y femoral bilaterales que precisaron de colocación de filtro de cava temporal y anticoagulación con heparinas de bajo peso molecular con varios episodios de rectorragia que obligaron a retirada de la anticoagulación. Durante ese mismo ingreso se produjo perforación intestinal ileal que precisó resección quirúrgica de urgencia, todo ello con pruebas de imagen normales y con buena evolución posterior. Reingresa quince días más tarde por fiebre, constatándose dos lesiones ocupantes de espacio a nivel hepático. El estudio demostró recidiva de adenocarcinoma de recto, en estadio IV y presencia de metástasis óseas, hepáticas, mesentéricas y pélvicas, actualmente en tratamiento quimioterápico.
