Varón de 47 años diabético tipo II. Bebedor diagnosticado de pancreatitis crónica.
Acude a urgencias con dolor epigástrico, náuseas y vómitos. A la exploración el abdomen es blando y depresible, no presenta signos de irritación peritoneal ni alteraciones analíticas.
Ingresa en observación practicándose una TC que mostraba la existencia de una pancreatitis crónica con múltiples calcificaciones. Existen dos formaciones en el páncreas: una de 11 cm de diámetro en la cola compatible con un pseudoquiste y otra de 2 cm de aspecto sólido en la cabeza que corresponde a un pseudoaneurisma de la arteria gastroduodenal. Evoluciona favorablemente mejorando del dolor y presentando una ligera anemización. A los 10 días presenta dolor abdominal muy intenso asociado a hematemesis y rectorragia masiva. Se produce un shock hemodinámico mejorando posteriormente del dolor y persistiendo el sangrado. Una nueva TC muestra la desaparición del pseudoquiste de la cola y un aumento de la masa de cabeza pancreática con signos de sangrado arterial activo en su interior. El cuadro es interpretado como un drenaje espontáneo del pseudoquiste a la cavidad gástrica y un sangrado digestivo ocasionado por el pseudoaneurisma en comunicación a través del pseudoquiste con el tubo digestivo. Ante tal situación se desaconseja el traslado y se interveniene quirúrgicamente.

En la intervención se aprecia una masa del tamaño de un puño a nivel de la cabeza pancreática. Se aborda la arteria gastroduodenal que se liga en el origen para detener la principal fuente de sangre que alimenta el aneurisma. Se realiza una gastrotomía comprobando la comunicación del pseudoquiste de la cola con la pared gástrica posterior y comprobando que no existe sangrado.
La evolución es favorable. A los pocos días de la intervención, tras haber repuesto en las primeras horas el hematocrito, se aprecia una disminución progresiva de los valores de hemoglobina, por lo que se remite al enfermo a la unidad de radiología intervencionista. Se realiza una arteriografía selectiva en la cual no se puede acceder al pseudoaneurisma a través de la arteria principal que lo nutre, que es la gastroduodenal, y se accede a través de ramas arteriales secundarias que proceden de la pancreático-yeyunal. Se consigue excluir por completo el pseudoaneurisma. En los días siguientes el paciente permanece estable y no se evidencian nuevos signos de sangrado. Tras seis meses el paciente se encuentra asintomático.

