Mujer de 67 años, natural de Huaral y procedente de Lima Metropolitana, de ocupación dueña de casa, que consultó por un cuadro de seis meses de evolución de sensación de pesadez y distensión abdominal post-prandial con todo tipo de comida. En los últimos tres meses, estos episodios se asociaron a epigastralgia urente leve. Al examen físico destacaba dolor a la palpación profunda en el epigastrio, sin signos peritoneales.
Los exámenes de laboratorio demostraron una leucocitosis de 11.700/mm3 y una eosinofilia de 6.300/mm3, las fosfatasas alcalinas, GGT, tiempo de protrombina y alfa-fetoproteínas se encontraban dentro de límites normales. La serología para hepatitis B y C fue negativa.
En una ecografía abdominal, se encontraron dos imágenes quísticas en el hígado, una de 11 mm en el segmento VII y la otra de 45 mm en el segmento II.
Se realizó una TAC de abdomen que evidenció una imagen hipodensa de bordes irregulares, de 35 por 15 mm en el segmento hepático II. Se internó con el diagnóstico de un tumor hepático para realizarse una biopsia percutánea guiada por ecografía. Los hallazgos histopatológicos de la biopsia hepática fueron: un infiltrado inflamatorio compuesto por linfocitos, células plasmáticas y eosinófilos, estos últimos en gran cantidad. Se observaron además hepatocitos reactivos, regenerativos en el parén-quima hepático. Por este motivo, se solicitó Fas2-Elisa para F. hepatica, el que tuvo un valor de 0,37 (valor normal: < 0,2), muy sugerente de infección.

La paciente recibió tratamiento con triclabendazol 10 mg/kg, en dosis única. Evolucionó favorablemente; luego de dos meses desapareció la sintomatología y la eosinofilia. En la TAC abdominal realizada al sexto mes post-tratamiento, se evidenció regresión completa de la lesión hepática.
