Varón de 7 años de edad, previamente sano, proveniente de Alto Hospicio (Región de Tarapacá) con antecedentes de madre boliviana que residía en Chile hacía más de 10 años. Período perinatal normal y calendario nacional de vacunas al día. Sin antecedente de viajes al exterior ni contacto con pacientes tuberculosos conocidos, tosedores crónicos, o gatos. Su dolencia se remontaba a un año padeciendo de dolor lumbar, coxalgia derecha y claudicación de la marcha. Durante este período se le realizó una radiografía de columna vertebral que mostró una xifo-escoliosis dorsolumbar asociada a una lesión expansiva de la rama isquio-pubiana derecha. El estudio se complementó con una RM pélvica que mostró una lesión osteolítica de la rama isquiática derecha, de 5,6 cm de diámetro, con compromiso de los tejidos blandos adyacentes. Con la hipótesis de un tumor, se le realizó una biopsia cuya histología fue compatible con una osteomielitis crónica granulomatosa. Recibió tratamiento con flucloxacilina durante seis semanas; sin embargo, los síntomas persistieron. Tres meses después, una nueva radiografía evidenciaba una imagen lítica inespecífica en L2-L3. Al repetir la RM, se observó una espondilodiscitis en L2-L3, asociada a un gran absceso en el músculo psoas-ilíaco derecho, por lo que se decidió su internación.

Al examen físico se encontraba en buen estado general, afebril, pálido, la piel sin lesiones, ausencia de cicatriz BCG y sin adenopatías palpables. Presentaba una escoliosis leve, dolor a la palpación de la columna dorso-lumbar y una leve claudicación al caminar. Se diagnosticó una espondilodiscitis L2-L3, con sospecha de mal de Pott asociado a un absceso del psoas-ilíaco derecho. Entre los exámenes de laboratorio destacaban: recuento de leucocitos de 9.500 céls/mm3 (65% segmentados y 20% linfocitos), hematocrito 31%, hemoglobina 10 g/dL, recuento de plaquetas de 353.000/ mm3, PCR 45 mg/L y VHS 69 mm/h. Radiografía de tórax normal y TAC torácica con adenopatías calcificadas perihiliares bilaterales e infracarinales, sugerentes de una TBC antigua. Se efectuó serología Ig G para Bartonella henselae y ELISA VIH que resultaron negativos. Se procedió a puncionar el absceso del psoas guiado por una ecotomografía, drenándose 80 ml de secreción purulenta. De esta muestra se realizó tinción de Gram directo, cultivo corriente, tinción con calcoflúor, cultivo de hongos, baciloscopia y RPC para complejo M. tuberculosis, todos con resultado negativo. Las baciloscopias de aspirado gástrico fueron negativas. Tanto el PPD -de 2 UT- (20 mm) como la determinación de T-SPOT®.TB, resultaron positivos. Se diagnosticó un mal de Pott y se inició terapia asociada con isoniazida, rifampicina, pirazinamida y etambutol. Además se le estabilizó la columna con corset. Después de 30 días, en el Instituto Nacional del Tórax, se aisló M. tuberculosis del absceso del psoas, el que posteriormente se confirmó en el Instituto de Salud Pública, sin realizarse pruebas de susceptibilidad.

El paciente completó su tratamiento antituberculoso y evolucionó satisfactoriamente.
