Paciente agricultor de 60 años de edad, con antecedente de trauma ocular con material vegetal, consultó por una disminución brusca de la agudeza visual de 48 h de evolución, acompañado de dolor ocular moderado y fotofobia. Al examen oftalmológico, el ojo derecho presentaba una agudeza visual de 20/100 con el segmento anterior normal y el ojo izquierdo con una buena proyección luminosa en los cuatro cuadrantes y una úlcera central de 0,6 x 0,6 mm con bordes difusos. El paciente refirió como co-morbilidad una hipertensión arterial de dos años de evolución.
Se realizó el diagnóstico clínico de una queratitis infecciosa. Se tomó una muestra de la úlcera para estudio microbiológico e inmediatamente se inició tratamiento tópico con fluconazol 0,2% y moxifloxacina 0,5% cada 1 hora.
A las 24 h, en el primer control, el examen micológico directo reveló la presencia de elementos fúngicos, por lo que se agregó natamicina 5% en gotas cada una hora y se espació la administración de moxifloxacina tópica cada 3 h. Como el paciente refirió intenso dolor ocular, se prescribió colirio de atropina, tres veces al día.
En el segundo control, a las 48 h, se observó una hiperemia conjuntival moderada y tres lesiones satélites. En el tercer control, a las 72 h, el paciente refirió dolor ocular muy intenso por lo que se le prescribió nuevamente atropina en gotas. La queratitis y las lesiones satélites siguieron sin cambios, observándose colgajos corneales. Se continuó tratamiento con natamicina y fluconazol tópico y moxifloxacina en gotas, 4 veces al día.
Después de una semana, el paciente refirió menos dolor ocular y se observó ligera mejoría de la lesión, por lo que se suspendió la moxifloxacina. En los seis siguientes controles, las lesiones satélites ya no fueron visibles, hubo disminución de los colgajos corneales, el tamaño de la queratitis disminuyó a 0,5 x 0,5 mm y el paciente ya no refirió dolor.
Después de 41 días de tratamiento se observó ausencia de actividad en la lesión, sin embargo, persistió la cicatriz corneal.
El último control se realizó tres meses después del traumatismo ocular, momento en que se recomendó cirugía de cataratas y trasplante de córnea debido a la cicatrización de la córnea.
Estudio microbiológico
El material de raspado de la lesión corneal fue realizado por el médico oftalmólogo con espátula de Kimura y se envió para estudio microbiológico al Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Salud.
En el examen en fresco con KOH 10% (40X) y en la tinción de Gram se observaron hifas septadas ramificadas.
Los cultivos bacterianos se realizaron en caldo tioglicolato a 35°C y en agar sangre y agar chocolate en atmósfera de CO2 al 5% a igual temperatura; todos resultaron negativos.
Los cultivos para hongos se realizaron en agar Sabouraud y agar papa dextrosa y se incubaron a 28°C. A las 72 h de incubación se obtuvo desarrollo de colonias de un hongo filamentoso de aspecto flocoso, coloración inicialmente blanca y que se fue oscureciendo con el tiempo tomando finalmente una coloración gris oscura a los 7 días y con abundante micelio aéreo, sin difundir pigmento al medio de cultivo. La colonia fue derivada al Departamento de Micología del Instituto de Medicina Regional de la Universidad Nacional del Nordeste (Argentina) para su identificación. La micro-morfología reveló la presencia de picnidios color café oscuro a negro con paráfisis hialinas septadas. Conidios elipsoidales de (18-30) x (10-15) μηι, inicialmente hialinos y no septados que al madurar se observaron de color marrón oscuro con un septo medio y con estrías longitudinales. El aislado fue identificado como Lasiodiplodia theobromae (Pat.) Griffon & Maubl., según la referencia bibliográfica de Alves y cols8.

No se determinó la sensibilidad antifúngica debido a que no se hace de rutina y no hay metodologías de referencia que estandaricen el estudio de sensibilidad para este hongo.
