Se recibió en el Hospital Veterinario Puente Alto a un paciente canino, macho, mestizo, de tres meses de edad (cachorro), con antecedente de haber sido recogido desde la calle un mes antes. El motivo de consulta fue un intenso prurito manifestado como rasquido por lo que se encontraba en tratamiento con antihistamínicos. Además, tenía una descamación abundante y generalizada de la piel y marcado decaimiento. Al examinarlo se encontró un cachorro en mal estado general, enflaquecido y con signos de enfermedad generalizada de piel y linfoadenopatías, signos vitales normales, afebril y un abdomen prominente a la palpación. El pelaje era hirsuto y tenía excoriaciones en todo el cuerpo, extensas zonas de alopecia, abundantes escamas y lesiones papulares pruriginosas con costras.

Se le realizó un examen microscópico directo de raspado de piel y pelo que evidenció la presencia de abundantes huevos y formas juveniles y adultas de ácaros de la especie S. scabiei.

Se le indicó tratamiento acaricida con ivermectina inyectable semanal administrándose la primera dosis durante la consulta y baños con un producto acaricida. Durante la consulta, el propietario de la mascota refirió que él y todos los integrantes de su grupo familiar presentaban lesiones pruriginosas persistentes. Ante la sospecha de una transmisión zoonótica fueron derivados al Hospital Dr. Sótero del Río para su evaluación. En la Unidad de Infectología se efectuó una anamnesis y examen físico al padre, la madre y las cuatro hijas de cinco meses y de cuatro, siete y 12 años de edad. La madre refirió que una semana después de haber adoptado al perro, notó la aparición de pápulas costrosas, muy pruriginosas en las piernas, que luego se extendieron hacia el resto del cuerpo. A los pocos días el padre comenzó con la misma sintomatología y evolucionó con una dermatitis costrosa y celulitis de la pierna derecha. Finalmente, transcurridas dos semanas desde el ingreso del perro al hogar, aparecieron lesiones similares y generalizadas en todas las hijas e incluso en la abuela, quien visitaba el hogar para cuidar a las niñas. En el examen físico de ambos padres y las hijas se detectaron las lesiones descritas..

Se efectuó un raspado de piel para ácarotest (humano y canino) que fueron analizadas en el Laboratorio de Microbiología de la Pontificia Universidad Católica (PUC), con confirmación de resultados e informe entomológico efectuado en el Instituto de Salud Pública (ISP) y por un veterinario experto. Se realizó un hemograma a cada integrante del grupo familiar.
Se trató a la familia, incluso a la abuela, con dos pulsos de permetrina al 5%, a excepción de la lactante y la madre que estaba dando lactancia, quienes recibieron dos pulsos de vaselina azufrada al 6%. En ambos casos se indicó aplicar el producto tres días consecutivos, descansar cuatro días y repetirlo otros tres días. El padre y la abuela fueron tratados con dos pulsos de ivermectina oral por persistencia de las lesiones. El hemograma no demostró eosinofilia en ninguno de ellos.
Se detectó la presencia de S. scabiei en el ácarotest realizado a la lactante (Laboratorio de Microbiología de la PUC), con confirmación entomológica en el ISP, con lo cual se demostró la transmisión zoonótica de S. scabiei.

Posteriormente los propietarios comunicaron que el perro falleció algunas semanas después de comenzar el tratamiento.
