Adolescente de sexo femenino, 14 años de edad. Durante un campamento de verano en carpa junto a su familia, en la localidad del Quisco, Vª Región, se agachó a recoger una pelota bajo unos matorrales. En ese momento sintió que algo apretaba su mano izquierda. Al retirar la mano vio una gran culebra prendada a la zona del dorso de la mano, entre los dedos pulgar e índice. Ella cogió la cabeza de la culebra por detrás, con la mano libre y al cabo de algunos segundos el reptil soltó la mano, alcanzando a enrollarse alrededor del brazo izquierdo. Para evitar que la culebra escapara, los padres la mataron y guardaron en un recipiente.
La culebra medía 137 cm de longitud, siendo su cola de 35 cm. En la zona dorsal presentaba una franja oscura al centro flanqueada por franjas claras laterales. No se logró encontrar los dientes inocu-ladores posteriores.
La mordedura no provocó dolor al momento del accidente y no se logró apreciar el sitio de inoculación. Aproximadamente al cabo de 30 minutos, inició un intenso dolor y aumento de volumen en el sitio de la mordedura.
Fue llevada al servicio de urgencia del hospital Carlos van Buren, Valparaíso, Vª Región. En la evaluación inicial se encontró un edema circunferencial que abarcaba hasta la unión del tercio medio inferior del brazo, con una herida puntiforme en la mano izquierda y erosión de la zona vecina, los dedos de la extremidad afectada se encontraban fríos, no refería mialgias.
Fue hospitalizada con el diagnóstico de mordedura por ofidio y observación de un síndrome com-partamental. Se indicó como tratamiento corticoste-roides y anti-histamínicos endovenosos, analgésicos tipo AINE y ampicilina parenteral. Las medidas locales indicadas fueron brazo en alto y aplicación de hielo.
De los exámenes de laboratorio solicitados destacaban: protrombinemia: 57% (VN= 70-100%), TTPK: 41 seg (VN= 26-36 seg), recuento de plaquetas: 300.000 (VN= 150.000-400.000/mm3), hematocrito: 44% (VN= 34-44%); hemoglobinemia: 14,6 gr/dL (VN= 11,6-15 gr/ dL). No se solicitó recuento de leucocitos.
Evolucionó en regulares condiciones generales las primeras 24 horas, sin fiebre, pero con un intenso dolor en la extremidad superior izquierda. El edema se extendió hasta la región del hombro y zona pectoral y los dedos tomaron un aspecto equimótico. Destacó en el examen el dolor a la palpación de la zona afectada y la consistencia acartonada del edema. Presentó cefalea intensa, náuseas y febrículas, sin evidencias de sangramientos. La orina fue evaluada diariamente por colorometría a ojo desnudo, para la detección de hemoglobinuria.
Se mantuvo el tratamiento con analgésicos y corti-costeroides endovenosos y el edema del antebrazo y brazo comenzó a disminuir. A las 48 horas de evolución aparecieron bulas serohemorrágicas en la zona del pliegue del codo derecho, disminuyó la cefalea, desaparecieron las náuseas y la fiebre, con persistencia del dolor en la extremidad. La movilidad de los dedos y la muñeca estaban limitadas, pero con palpación de pulsos arteriales normales. Los cirujanos descartaron un síndrome compartamental.
A las 72 horas de evolución, tanto el edema como el dolor se encontraban en franca regresión y se suspendieron los corticosteroides y anti-histamínicos. Al cuarto día de evolución se dio de alta, casi sin molestias, con indicación de completar tratamiento con predni-sona durante dos días y el tratamiento antimicrobiano por seis días.
