Se expone el caso de un varón de 9 años de raza caucásica que acude a consulta refiriendo disminución brusca de la agudeza visual (AV) en el ojo izquierdo (OI). Los padres son adoptivos y desconocen antecedentes de interés. La AV corregida es de 0,7 en ojo derecho y 0,4 en OI. La biomicroscopía, presión intraocular, y reflejos pupilares se encuentran dentro de la normalidad. El examen funduscópico revela una lesión macular subretiniana amarillenta de aspecto viteliforme en ambos ojos. En el OI se aprecia además una hemorragia adyacente. Dada la sospecha de una MNV en dicho ojo se realiza una angiografía con fluoresceína (AGF) que confirma su existencia. Conjuntamente se estudia la autofluorescencia observando imágenes hiperautofluorescentes coincidiendo con los depósitos de lipofuscina. La tomografía de coherencia óptica (OCT), de dominio espectral, muestra una lesión hiperreflectiva debido al material subretiniano, y fluido adyacente.

Se completa el estudio con pruebas electrofisiológicas, confirmándose el diagnóstico de sospecha ante el resultado patológico del electrooculograma (EOG), estándar, siendo el coeficiente de Arden de 1,34 en ojo derecho y 1,49 en OI. Si bien no es lo habitual, el electrorretinograma (ERG) con estímulo patrón EI, resulta también alterado, probablemente, debido a la presencia de MNV.
Se decide control observacional, manteniéndose la AV estable al cabo de un mes. La tendencia a la autolimitación de la MNV coroidea en pacientes jóvenes ya fue descrita por Ho y Glaser, probablemente debida a la hiperfunción del epitelio pigmentario de la retina (EPR) en la zona circunscrita a la lesión y a la producción de inhibidores de la neovascularización1,2. Por otro lado, aún no se han realizado estudios prospectivos con resultados definitivos acerca de los posibles efectos adversos de inyección de antiangiogénicos en pacientes menores.

