Un lactante de 2 meses fue referido por su pediatra de zona debido a la escasa ganancia ponderal desde el nacimiento. Entre sus antecedentes personales, era producto de una gestación controlada de 40 semanas de duración, sin patologías ni tratamientos de interés. Nació mediante cesárea y pesó 3650 g (peso adecuado), sin ninguna complicación perinatal. Su madre había notado una rinorrea mucosa espesa desde su nacimiento, que aumentó en las últimas semanas y le dificultaba las tomas (70 mL cada 3 a 4 h), con atragantamientos frecuentes y un episodio de cianosis al alimentarse no objetivado por su pediatra al consultar inicialmente. En el momento de ingresar en nuestro servicio pesaba 4150 g (< percentil 3). Presentaba un aspecto desnutrido, con piel pálida y llamaba la atención su respiración con la boca abierta, y el cuello hiperextendido y lateralizado a la derecha. No presentaba taquicardia, taquipnea, fiebre ni estridor, y saturaba 100% respirando aire ambiente. Su longitud (59,5 cm) y perímetro cefálico (41 cm) eran adecuados (percentil 75). Las pruebas complementarios de hemograma, bioquímica, radiografía de tórax, prueba del sudor, estudio ferrocinético y estudio inmunológico fueron normales. Se le realizó un esofagograma con contraste yodado que mostró un mínimo realce de una masa bien delimitada, que ocupaba la luz de la hipofaringe y desplazaba posteriormente la laringe, sin llegar a colapsarla. El contraste refluía hacia la rinofaringe y entraba en el árbol bronquial, sugiriendo aspiraciones al deglutir.
Tras dicho hallazgo se realizó una consulta con el otorrinolaringólogo, quien le realizó una nasofibroscopia flexible y confirmó la tumoración quística proveniente de la región valecular que empujaba la epiglotis contra la pared posterior de la faringe y obstruía parcialmente la entrada laríngea. El paciente fue llevado al quirófano para realizarle una laringoscopia directa y extirpar la lesión; la intubación resultó difícil y requirió un fibroendoscopio transoral para completarla, dado que el quiste obstruía casi en 60% de la hipofaringe. No se apreció laringomalacia u otra alteración estructural o anatómica de la vía aérea. En la punción del quiste se aspiró una secreción mucoide clara y se procedió a su marsupialización con resección parcial de la pared quística mediante tijeras. El examen histológico de la pieza mostró un epitelio respiratorio con metaplasia escamosa, así como tejido conjuntivo sin infiltración celular inflamatoria. Fue dado de alta a los 3 días posquirúrgicos. En la consulta externa, a los 2 meses, no se apreció recurrencia de la lesión en la nasofibroscopia. Después de 4 meses, el paciente había mejorado la ingesta calórica y mostraba buena ganancia de peso.
