Describimos el caso de un paciente de 18 años sin antecedente patológicos que ingresó en nuestro hospital por politraumatismo tras un accidente de motocicleta. Presentó fracturas costales izquierdas, contusión cardiaca y pulmonar y hemotórax que requirió drenaje pleural. Pasada la fase aguda, la radiografía de tórax mostró una imagen redondeada bien definida en el lóbulo superior izquierdo, que no estaba presente antes del traumatimo, que inicialmente se interpretó en relación con lesión tisular residual postraumatismo. Tras ser dado de alta la imagen radiológica persistía sin variación. Un mes después en una revisión rutinaria en la consulta externa, encontrándose asintomático, la radiografía de tórax reveló un aumento marcado de la silueta cardiaca además de la imagen redondeada, que permanecía invariable. La exploración física y el electrocardiograma fueron normales. El ecocardiograma transtorácico mostró derrame pericárdico severo sin signos ecocardiográficos de taponamiento cardiaco. Se practicó una Tomografía computarizada mostró derrame pericárdico y una imagen de características quísticas localizada en el lóbulo superior izquierdo, que se encontraba conectada al pericardio. Se inició tratamiento con antiinflamatorios no esteroideos, y tras 3 semanas el derrama pericárdico había desaparecido en una nueva ecocardiografía de control. Se llevó a cabo estudio del derrame pericárdico con fin de excluir otro origen diferente que el probablemente debido a la existencia de comunicación con el quiste pericárdico. El Mantoux fue negativo y el hemograma, coagulación, y bioquímica completa de sangre y orina, incluyendo proteinograma, estudio electroforético, serología víricas y bacterianas, batería autoinmune y hormonas tiroideas, fueron normales, excluyéndose otras causas del derrame pericárdico. La examinación del quiste por resonancia magnética nuclear confirmó la presencia de una lesión quística redondeada y homogénea de 5,4 x 8 centímetros localizada en el mediastino anterior, situaada a al izquierda de los troncos supraaórticos y sobre el segmento apicalposterior del lóbulo superior izquierdo. El quiste estaba conectado al pericardio por un largo pedículo, y fue informado como quiste pericárdico. Debido a la buena evolución optamos por seguimiento evolutivo del paciente y no tomar actitudes invasivas. El paciente ha permanecido asintomático durante su seguimiento. En la actual resonancia magnética de control, la imagen quística permanece invariable.

