Mujer de 80 años, con antecedentes de hipertensión arterial, neuritis óptica y parálisis bulbar progresiva de 5 años de evolución.
Ingresa en urgencias por episodio de disnea brusca tras atragantamiento durante la comida. Su hijo refiere que desde hace tiempo presenta episodios repetidos y cada vez más frecuentes de tos en relación con la ingesta de líquidos. En el último trimestre presentaba también dificultades para la ingesta de sólidos con incremento de las secreciones salivares. En el servicio de urgencias se objetiva episodios de desaturación (8990%), coincidiendo con disnea y abundantes ruidos de secreciones a la auscultación pulmonar. Es ingresada en el Servicio de Medicina Interna del Hospital, con el diagnóstico de broncoaspiración secundario a disfagia. Los datos de laboratorio inicial revelaron un hemograma normal con una hemoglobina de 14,1 g/dl, además de una coagulación normal. En la radiografía de tórax no se observan imágenes de infiltrados.
A su ingreso y para evitar nuevos episodios de bronco-aspiración, se procedió a la realización de sondaje nasogástrico solicitando gastrostomía de manera programada tras estabilizar y ver evolución de la paciente. Fue tratada con amoxicilina-clavulánico, broncodilatadores y oxigenoterapia con buena respuesta. Durante su hospitalización se realizó gastrostomía, aparentemente sin complicaciones, si bien en las horas posteriores presentó sangrado perisonda no obteniéndose restos hemá-ticos en el lavado. Se solicitó analítica, objetivándose anemización importante (Hb: 6,7 g/dl, Hb previa 14,1 g/dl), se realizó TAC abdominal donde se evidencia la presencia y extensión de un hematoma de pared abdominal. Se procedió a cambiar la sonda de gastrotosmía, limpieza de zona de perisonda y se inició nutrición parenteral tras la colocación de un PICC. La paciente precisó transfusión de 2 concentrados de hematíes, evolucionando favorablemente. Previo al alta, se inicia nutrición enteral a través de la gastrostomía que toleró sin complicaciones.

