Mujer de 34 años, sin antecedentes mórbidos; consultó por lesión asintomática en muslo izquierdo de 1 mes de evolución. Se trató como piodermia con múltiples antibióticos orales, sin respuesta. Al examen, presentaba un tumor eritematoso de 5 x 8 cm, con pequeñas ulceraciones y erosiones. A la compresión no hubo salida de exudado ni de granos. Además, presentaba dos adenopatías inguinales ipsilaterales, no dolorosas, de aproximadamente 1 cm. No se palparon otras adenopatías ni visceromegalia. Se planteó el diagnóstico de un linfoma cutáneo y de un actinomicetoma, por lo que se solicitaron exámenes serológicos, una tomografía computarizada (TAC) con contraste de tórax, abdomen y pelvis (TAC-TAP), múltiples cultivos bacterianos-micológicos y una biopsia de piel. Tenía hemograma, deshidrogensa láctica (LDH) y calcio sérico dentro de rangos normales; además de serología para HTLV-1 negativa. El TAC-TAP mostró sólo las adenopatías ipsilaterales pesquisadas clínicamente.

La histopatología mostró un tumor dérmico ulcerado, compuesto por células linfoides grandes, con pleomorfismo nuclear y mitosis atípicas. Además, había abundantes eosinófilos. El estudio inmunohistoquímico (IHQ) mostró reacción positiva para CD30 en las células grandes y reacción negativa para ALK-1 y CD25. Se solicitó además una biopsia de médula ósea, que mostró arquitectura y celularidad normales.

Con todos estos elementos se diagnosticó un LACGPC. Se planteó realizar radioterapia (RT) local, pero cuando la paciente volvió a consultar al mes, presentaba clara disminución de tamaño de la lesión del muslo, por lo que no se inició tratamiento. Se controló cada 4 meses y a los 24 meses de seguimiento se encontraba en regresión total.

