Se ha descrito necrosis cutánea asociada al uso de warfarina, reportándose una prevalencia entre 0,01 y 0,1% de los pacientes tratados. Aunque el mecanismo no está aclarado, se describe un efecto procoagulante transitorio por una rápida caída de los niveles de proteína C1,2. El cuadro clínico se manifiesta como edema y eritema de inicio súbito, asociado a dolor o parestesias. En 90% de los casos, la aparición de necrosis cutánea se produce de 3 a 6 días de iniciado el tratamiento, aunque se han descrito casos que se han desarrollado semanas o meses después3. El estudio histopatológico revela trombosis y depósitos de fibrina en las vénulas postcapilares sin infamación4,5. El tratamiento es la suspensión del fármaco, transfusión de plasma fresco congelado y aporte de vitamina K endovenosa.
