Presentamos cuatro pacientes de 28, 31, 33 y 42 años respectivamente; estando la más joven embazada de 26 semanas. Dos de ellas consultan a su ginecólogo remitidas desde su médico de Atención Primaria por disuria de 4-6 semanas de duración, dispareunia ocasional y en los últimos días sensación de masa a nivel parauretral. Las otras dos restantes consultan únicamente a su ginecólogo por descubrir una masa a nivel parauretral. Dos de ellas previamente a su cita con su ginecólogo habían recibido tratamiento por su médico de Atención Primaria con Amoxicilina-clavulánico a dosis de 875/125mg durante una semana, obteniendo una mejoría parcial de los síntomas. El ginecólogo tras realizar una exploración de las pacientes y evidenciar la posible afectación uretral decide derivar al urólogo a las pacientes para realizar un estudio del aparato genitourinario, el diagnóstico y tratamiento de esta patología.
La exploración física de todas las pacientes era totalmente anodina, sin linfadenopatías inguinales ni lesiones en genitales externo; tampoco se observaron secreciones vaginales excesivas que nos hiciesen sospechar de una posible etiología infecciosa por contacto sexual. En las cuatro encontramos un nódulo liso, indoloro, de aspecto quístico, ligeramente fluctuante con tamaños variables (entre 1x1 y 4,1x4, 3cm) adherida a la uretra distal y que parecían formar parte de la misma.

Solicitamos para las cuatro pacientes un cultivo de orina y de secreciones vaginales siendo en todos los casos los resultados negativos para ETS (N. Gonorrhoeae, Clamidias,...), y apareciendo en una de ellas infección urinaria por E. Coli. También solicitamos en todos los casos una uretrocistografía retrógrada comprobando en uno de los casos que el quiste de la glándula de Skene producía una pequeña estenosis uretral sin ninguna relevancia clínica. La uretra estaba íntegra en todos los casos y la vejiga presentaba características normales. Esto nos permitió descartar la posibilidad de un ureterocele, razón principal por la que el ginecólogo nos derivó estas pacientes.
Inicialmente instauramos un tratamiento conservador con higiene, antibioterapia e intento de drenaje manual sin éxito, por lo que decidimos preparar a las pacientes para una excisión completa de los quistes bajo anestesia.
Realizamos las cirugías bajo anestesia locorregional, en dos casos inyectando en el quiste azul de metileno para delimitarlo bien, y en los otros dos bajo visión directa, colocando en todas un catéter uretral para preservar la uretra y realizamos una exéresis completa de los quistes mediante tijera de Metzembaum, con apertura intraoperatoria en dos de los casos y los cuales drenaron un contenido de aspecto lechoso-purulento. Remitimos a Anatomía patológica las piezas y mandamos a microbiología los contenidos de los quistes.
Los resultados fueron siempre de quistes recubiertos de epitelio escamoso estratificado, con lámina basal bien formada y microvillis prominentes con contenido hemato-purulento (achocolatado). El análisis microbiológico también fue negativo para todo tipo de ETS.
Dos de las pacientes permanecieron con el catéter uretral de 18 Fr. durante una semana para preservar la estructura de la uretra, ya que en estas dos pacientes la pared del quiste estaba íntimamente adherida a la pared uretral y durante su escisión se daño la misma, precisando reparación con una sutura reabsorbible. Posteriormente a su retirada y con un periodo de seguimiento de entre 8 meses y 4 años las pacientes han permanecido asintomáticas hasta la actualidad sin mostrar ningún indicio de recidiva o complicación fistulosa.

