Un hombre de 70 años de edad, que había sido tratado previamente por enfermedad hepática alcohólica estable, presentó un dolor abdominal difuso gradualmente progresivo, asociado con vómitos y estreñimiento durante 7 días. El examen físico reveló distensión abdominal gaseosa sin sensibilidad o masa. Tenía un historial de 2 laparotomías en el pasado, ambas por obstrucción del intestino delgado secundaria a impactación de enterolitos que no habían logrado resolverse con medidas conservadoras. El hallazgo en la primera operación, hace 3 años, fue un enterolito obstructivo de 3 x 5 cm en el íleon, 20 cm proximal a la unión ileocecal. Se extrajo mediante una enterotomía y se resecó el segmento afectado del íleon con anastomosis primaria de extremo a extremo. No se identificaron diverticulos ni otros factores incitantes. La histopatología del intestino delgado resecado no mostró hallazgos específicos. Dos años después, volvió a presentar síntomas similares. En la segunda operación, los hallazgos fueron similares a los de la primera operación, con un enterolito impactado en el íleon medio y con adhesiones mínimas. Se le practicó una enterotomía y se le extrajo el enterolito. Después de la segunda operación, estuvo asintomático hasta esta presentación. En la presentación actual, su estudio hematológico y bioquímico fue normal y las radiografías abdominales no fueron concluyentes. La ecografía reveló un estudio normal. Inicialmente, se lo manejó de manera conservadora en líneas de obstrucción intestinal adhesiva. Dada la condición general del paciente y la falta de instalaciones, no se pudieron realizar la tomografía computarizada ni la endoscopia. Tras una leve mejora sintomática inicial, desarrolló una distensión abdominal gradual y progresiva con dolor y estreñimiento. Sospechando una obstrucción adhesiva y teniendo en cuenta la posibilidad de una obstrucción intestinal por enterolitos recurrente, se le realizó una laparotomía exploratoria. Los hallazgos en la mesa fueron los de un enterolito recurrente de 5 × 5 cm de tamaño impactado en el íleon medio con múltiples adhesiones serosas densas y bandas, como se muestra en las figuras y. Aparte de esto, no se identificaron otros hallazgos anormales. El enterolito se extrajo a través de una enterotomía ileal, seguida por el cierre primario de la enterotomía. El enterolito no se envió para un análisis bioquímico, ya que se consideró que no aportaría información adicional desde el punto de vista del tratamiento. Su curso postoperatorio fue tormentoso y desarrolló un abdomen con estallido el día 8 postoperatorio que requirió un cierre masivo. Pero después de esto, mostró una mejora gradual y constante. Después de una estancia total de 6 semanas, fue dado de alta en un estado estable y había mejorado en la visita de seguimiento a los 3 meses. En la visita de seguimiento se le aconsejó evitar una dieta con alto contenido de fibra y consumir ablandadores de heces en forma de PRN pensando que esto le ayudaría a evitar otro episodio similar.