Presentamos el caso de una mujer de 68 años con antecedentes médicos de una fractura odontoidea de tipo II, ocurrida 25 años antes. Se presentó inicialmente con dolor de cuello y se detectó en radiografías de la columna, con un tratamiento conservador en una ortesis cervical blanda. No hubo seguimiento clínico o radiológico posterior de su estado. Se presentó con 6 meses de mielopatía cervical progresiva que se manifiesta como debilidad en las extremidades superiores e incoordinación de la mano, parestesias en las extremidades e inestabilidad de la marcha. Su puntaje modificado de la Asociación Ortopédica Japonesa (mJOA) fue de 13. En el examen físico, exhibió aumento del tono y difusa hiperreflexia, marcha inestable amplia y vacilante, y signos bilaterales de Hoffman y Babinski. La tomografía computarizada (TC) [], demuestra una pseudoartrosis odontoide crónica con subluxación anterior, un osteófito posterior significativo que estrecha el canal espinal (flecha), y una cifosis segmentaria significativa que cubre la pseudoartrosis. La resonancia magnética [] revela compresión de la médula espinal ventralmente con tensión sobre el osteófito posterior y el resto del cuerpo C2. Además, es evidente una enfermedad espondilótica espinal subaxial significativa. En la cirugía, después de la tracción preoperativa del halo despierto que reveló que la deformidad era móvil, lo que permitió la reducción de la cifosis [], el paciente se encontraba en posición supina sin más intentos de reducir la traslación ventral. Se planificó un procedimiento en dos etapas que incluyó, en primer lugar, una descompresión transoral del fragmento odontoide con resección del osteófito del cuerpo vertebral posterior para lograr la descompresión anterior de la médula espinal. En segundo lugar, se realizó una laminectomía C1 junto con una descompresión subaxial para abordar la enfermedad espondilótica restante, realizada con una fusión occipitotorácica. La paciente fue dada de alta en una ortesis de halo. A los 4 meses de seguimiento, mejoró neurológicamente hasta alcanzar la independencia funcional (mJOA 17), sin evidencia de pseudoartrosis o falla del implante en la tomografía computarizada []. Se le retiró la ortesis de halo y permanece neurológica y estructuralmente estable a los 6 meses del postoperatorio.