Un hombre caucásico de 77 años visitó a su cirujano ortopédico y se quejó de un persistente dolor en la rodilla derecha durante los últimos 2 meses. El paciente no recordaba un evento traumático específico en el pasado. Tras el examen clínico, el cirujano sospechó una lesión degenerativa del menisco. Dado que el paciente tenía un marcapasos, se contraindicó una evaluación posterior con resonancia magnética. La inyección intraarticular de esteroides no produjo una mejora sustancial de los síntomas. En base a los datos disponibles, no se puede descartar definitivamente que en ese momento no existiera un CRPS. No obstante, la presentación clínica hace que este escenario sea poco probable. Dado que el cirujano suponía que el dolor se debía a un desgarro degenerativo del menisco, realizó una meniscectomía parcial medial y lateral artroscópica. Poco tiempo después, el paciente se quejó de un aumento dramático en la intensidad del dolor y, al inspeccionarlo, el cirujano describió una nueva hinchazón de los tejidos blandos, un cambio en el color de la piel e hiperhidrosis. Remitió al paciente a nuestra institución para una evaluación y tratamiento adicionales, ya que sospechaba un caso de CRPS 1. Tras el examen, el paciente no presentaba fiebre y se quejaba de dolor constante e hinchazón de los tejidos blandos en la rodilla derecha. Debido al dolor, el paciente usaba dos muletas para desplazarse de forma independiente y era capaz de caminar unos 30 metros. La rodilla derecha mostraba cambios vasomotores (ligero enrojecimiento, aumento local de la temperatura de la piel) y sudomotores (ligera hiperhidrosis). El rango de movimiento activo y pasivo estaba limitado de forma dolorosa a flexión/extensión de 40°/20°/0°. Presentaba sensibilidad al tacto en el cóndilo femoral medial. La estabilidad ligamentosa y la integridad meniscal no pudieron examinarse debido al dolor. Los resultados de los análisis de laboratorio fueron los siguientes: Hb de 12,2 g/dl (<14,0-18,0), VS de 83 mm/hora (8), AP de 106 U/litro (40-129), CRP de 38,9 mg/litro (<5). Las radiografías simples revelaron cambios degenerativos moderados y un derrame intraarticular moderado. La tomografía computarizada (TC) mostró algunos cambios trabeculares inespecíficos en el cóndilo femoral medial y lateral. Finalmente, la gammagrafía ósea de triple fase con Tc-99m-DPD reveló un aumento de la actividad de flujo hacia la diáfisis femoral distal y la epífisis durante la etapa de perfusión. Durante la segunda y la tercera fase de la gammagrafía ósea, se detectaron múltiples realces en el fémur distal, la tibia derecha y la pelvis derecha. Basándonos en estos hallazgos, concluimos que un proceso metastásico causó la hinchazón y la disfunción dolorosas. La evaluación posterior con una biopsia del fémur y una cistoscopia reveló el diagnóstico de un carcinoma urotelial metastásico. La ubicación del tumor primario seguía sin estar clara y no se investigó más debido al empeoramiento progresivo del paciente. Después de iniciar la quimioterapia paliativa, el estado del paciente se deterioró rápidamente y falleció a las pocas semanas.