Un hombre caucásico, no fumador, atlético, de 44 años de edad, con antecedentes médicos sin importancia, se presentó en la sala de urgencias con un dolor de cabeza unilateral de tipo presión, de inicio rápido, que duró más de 30 segundos y se calificó con 10/10 en una escala analógica visual. El dolor estuvo acompañado de náuseas e hipoestesia hemifacial derecha, pero no de vómitos, fonofobia, fotofobia, lagrimeo, rinorrea, congestión nasal, enrojecimiento ocular, deterioro visual o déficit motor. El dolor desapareció en aproximadamente 1 hora después de iniciar el tratamiento analgésico. El paciente había sufrido dos episodios similares de dolor de cabeza 3 y 6 días antes, calificados con 8/10, con remisión espontánea después de 30 minutos. Justo después del primer episodio, sintió un dolor sordo y constante en la región retrosternal, calificado con 2/10, que se irradiaba hacia la espalda y se agravaba con la inspiración profunda. Observó que los episodios posteriores de hemicrania estaban precedidos por exacerbación del dolor torácico con irradiación hacia el lado derecho del cuello. Unas horas después del segundo episodio y durante aproximadamente 30 minutos, vio luces parpadeantes que se movían lentamente hacia la línea media en el campo visual derecho, sin espectro de fortificación y sin dolores de cabeza posteriores. Negó cualquier antecedente familiar de migraña. Al ingreso, el paciente se encontraba en buen estado general con valores normales y simétricos de presión arterial en ambos brazos y bradicardia (54 latidos por minuto). El examen neurológico no reveló anormalidades, como tampoco el examen cardiovascular, que incluyó una búsqueda minuciosa de soplos en los vasos grandes del cuello, tórax y abdomen. Un electrocardiograma mostró un ritmo sinusal normal sin signos de isquemia o infarto de miocardio. La resonancia magnética del cerebro no reveló anormalidades que pudieran estar relacionadas con los episodios de cefalea. La presencia concomitante de dolor torácico sordo abrió el camino para sospechar una disección aórtica. La tomografía computarizada cervico-toraco-abdominal con contraste reveló una disección aórtica tipo A que no afectó a las arterias coronarias ni a los vasos supraaórticos. La ecografía cardíaca mostró una válvula aórtica intacta. La prueba para el síndrome de Marfan fue negativa. El paciente se sometió a un reemplazo quirúrgico de la aorta ascendente. No se informó ningún episodio de cefalea posterior a la intervención.