Se encontró a un hombre de cinco años abandonado junto a la carretera, horas después de que le hubieran arrancado los genitales de forma brutal, sangrando y con hierbas atadas al perineo. Dada la asociación de la comunidad local con las prácticas de brujería, esta niña fue llevada primero a un curandero tradicional para que le curara la herida. Tal vez con la ayuda de hierbas y la aplicación de presión local, se logró controlar el sangrado agudo. La herida se curó con cicatrices en el muñón del meato y en la región escrotal. Semanas después, el niño fue dejado en la puerta de una de las organizaciones no gubernamentales (ONG) de la comunidad, donde el personal de la ONG se hizo cargo de él. La razón podría haber sido que el curandero tradicional no pudo resolver las complicaciones que habían ocurrido en relación con la dificultad para orinar. El personal de la ONG consultó con clínicas locales durante un período de un año más o menos, tratando las fiebres frecuentes y el dolor abdominal inferior. Al darse cuenta de que la condición del niño no se resolvía, se tomó la decisión de remitirlo a un centro de nivel superior. Se manifestaron antecedentes de dificultad (esfuerzo excesivo) para orinar y frecuencia urinaria. Se registraron fiebres recurrentes, molestias/dolor abdominal y sensación de vaciado incompleto de orina. Cabe destacar que las fiebres se habían tratado como malaria y el niño no pudo dar información ni responder a las preguntas sobre cómo ocurrió el ataque, quién lo perpetró y qué había ocurrido después. Se quedó huérfano (perdió a ambos padres) y fue criado por familiares cercanos (de los que se conocen pocos detalles). El niño tenía un aspecto normal, estaba sano pero delgado, con inteligencia promedio y sin rasgos que sugirieran trastornos mentales. No había genitales externos, había una curación y cicatrización completa sin rasgos de infección de la herida. El niño fue internado en el hospital para una reconstrucción que aliviara la dificultad para orinar. Las operaciones cosméticas y la TRH fueron pospuestas para otra fecha, dada la corta edad del paciente. La apariencia inicial era una cicatriz en forma de T en el área perineal con orificio uretral estenótico en el centro. La cicatriz fue extirpada y se dejó un muñón de 3 cm, aunque desprovisto de glande. Se abrió una hendidura de medio centímetro en la uretra distal a las seis en punto en posición supina. Los bordes laterales se suturaron en el costado utilizando vicryl 4/0, creando un hipospadias. Se dejó un catéter de 8 F de Forey, que se cortó a una longitud de 6 cm, en la uretra distal como un stent para evitar la estenosis como consecuencia de la hinchazón de la uretra o la cicatrización del neomeato. El muñón del pene se injertó con un injerto de piel de grosor parcial, tomado de la cara medial del muslo derecho del paciente. El apósito de la herida y el catéter uretral que se dejaron en el lugar se retiraron el séptimo día después de la operación. La anastomosis y el orificio uretral cicatrizaron bien. El paciente pudo orinar con una buena corriente urinaria. Seis meses después, no había problemas funcionales (de orina).