Un paciente de 17 años con diabetes mellitus tipo 1 que estaba tomando insulina se presentó en el departamento de urgencias de nuestro centro de traumatología quejándose de dolor e hinchazón en el tobillo, causados por una lesión por inversión mientras caminaba. Después del incidente, no podía caminar ni pararse sobre el pie lesionado. No había antecedentes de dolores de cabeza, náuseas o vómitos. No había antecedentes de dolencias torácicas o abdominales. Está hemodinámicamente estable, consciente, alerta y orientado. En la exploración primaria, se mantiene la vía respiratoria; tiene buena entrada de aire bilateralmente; no hay sangrado externo; se ha realizado un e-fast y no hay fluido libre, GCS 15/15, pupila reactiva bilateralmente y no hay sensibilidad espinal. En el examen secundario, un examen del tobillo izquierdo reveló una deformidad obvia y sensibilidad en la cara lateral del tobillo izquierdo; no obstante, no hubo compromiso neurovascular y los exámenes sistémicos fueron normales. Se le administró morfina al paciente para aliviar el dolor. Más tarde, se le realizó una radiografía del pie y el tobillo, que reveló una luxación subastragalina medial sin fractura (). Después de que se realizó una reducción cerrada mientras el paciente estaba sedado con ketamina, las radiografías posteriores a la reducción revelaron que el tobillo se había realineado correctamente y que no había compromiso neurovascular posterior a la reducción. Luego se usó un golpe en la parte posterior por debajo de la rodilla (). Antes del procedimiento, se le informó al paciente sobre el plan de tratamiento y los riesgos y problemas. Después de la reducción, se realizó una tomografía computarizada (TC) del tobillo izquierdo para descartar posibles fracturas que no se hubieran visto en la radiografía. Mostró un modesto edema de tejidos blandos con derrame articular, pero sin fractura evidente (). Se ordenaron los siguientes exámenes: CBC, RFT, LFT, PT y PTT. Todos los resultados fueron normales. Después de tres meses, al consultar con la clínica ortopédica, el paciente todavía se quejaba de dolor y no podía soportar el peso total. Decoloración de la piel con edema. Se tomó una radiografía del pie y el tobillo y, comparándola con la anterior, se observó una densidad reducida y un aspecto pseudo-permeativo de los huesos visibles, lo que indica, en su mayoría, osteopenia. Finalmente, se le diagnosticó al paciente un complejo síndrome de dolor, una enfermedad multifacética que se caracteriza a menudo por un dolor persistente y debilitante que no se alinea estrictamente con los patrones nociceptivos o neuropáticos típicos. Este diagnóstico requiere un enfoque integral y multidisciplinario para su tratamiento, que englobe tanto la fisioterapia como la rehabilitación. El régimen de fisioterapia tiene como objetivo abordar las deficiencias funcionales y el tratamiento del dolor, mientras que la rehabilitación se centra en restaurar la capacidad del paciente para realizar actividades diarias y mejorar la calidad de vida. Esta estrategia terapéutica integrada es crucial para el tratamiento y la recuperación efectivos en casos de complejos síndromes de dolor después de lesiones ortopédicas.