   Calzábase Justina su zapato,
de su retrete tras la azul cortina,
cuando yo por mirar su faz divina,
me aproximaba cual astuto gato.

   Vi lo que nunca viera tan barato;
mas de ello apercibióse la ladina;
y una robusta moza de Pechina
sorprendióme al reclamo de un silbato.

   Arrojóme violenta un gran tintero;
pero echando yo mano a la escopeta
apunté tremebundo a su salero;

   de turrón una barra, cual paleta,
sirvió de escudo a su negruz puchero,
y tuve que batir una retreta.