   Mas el león a quien sin ver husmeaba,
bajo el vellón de cándido cordero
balaba apenas al confín postrero
de una provincia en su poder esclava.

   Tornó a husmear y a acechar la bestia brava,
y aun sintiendo en su mano el mundo entero,
volviendo en sí de su terror primero
volvió a la Saturnal en que reinaba.

   Y ebria con la grandeza floreciente
de apoteosis, triunfos y ovaciones
de olímpico esplendor, volvió indolente

   a alojar en palacios sus legiones
y su plebe a bañar públicamente
de alabastro y de pórfido en tazones.