   CRISTO, legislador, no escribió nada;
ni un papiro dejó ni un pergamino:
quedó tras El su espíritu divino,
su fe con su memoria inmaculada.

   CRISTO, rey, no empuñó cetro ni espada;
en el polvo sembró de su camino
de su fe la semilla; a su destino
dejándola y al tiempo encomendada.

   Germen de amor, de paz, de fe y cariño,
culto del alma, religión interna,
de fausto exenta y de mundano aliño,

   la propagó el amor, la amistad tierna,
la fe del pobre, la mujer y el niño:
y por eso es VERAZ, ÚNICA, ETERNA.