   Roma, hija de una loba y dos ladrones,
fue realista, imperial, republicana:
y ladrona sin fe, siempre villana,
medró saqueando a las demás naciones.

   Mujeres, leyes, traje, instituciones,
ciencia, arte, religión y hasta agua sana
y pan, todo, soberbia y holgazana
fue rapaz a robarlo a otras regiones.

   Audaz, desvergonzada, descreída,
abrió a todos los dioses su recinto
y alzó hasta la deidad desconocida

   templo y altar; y en este laberinto,
vivió avizor por conservar la vida
el cetro en mano y el puñal al cinto.