   Comenzaron entonces el oído
a halagar y a sonar en la conciencia
frases de aun ignorada procedencia,
de grato son y místico sentido.

   «Fraternidad universal, olvido
de las injurias, paz, fe, penitencia,
caridad...», frases mil de nueva ciencia
que aun no habían los hombres aprendido.

   De paz universal serenos días
corrían, y en la atmósfera serena
vagaban misteriosas profecías:

   era que ya la tierra estaba llena
de auras de redención; era el Mesías
que empezaba a esparcir su nueva buena.