   Con el hirviente resoplido moja
el ronco toro la tostada arena,
la vista en el jinete alta y serena
ancho espacio buscando al asta roja.

   Su arranque audaz a recibir se arroja
pálida de valor la faz morena,
e hincha en la frente la robusta vena
el picador, a quien el tiempo enoja.

   Duda la fiera, el español la llama:
sacude el toro la enastada frente,
la tierra escarba, sopla y desparrama;

   le obliga el hombre, parte de repente,
y herido en la cerviz, húyele y brama,
y en grito universal rompe la gente.