   ¡Dichoso el hombre que, sensible y tierno,
en la heredad de su familia espera
poder sembrar el grano en primavera
y recoger el fruto en el invierno!

¡Dichoso aquel que con placer interno,
celebrando una boda placentera,
elige por esposa y compañera
una vecina del hogar paterno!

   ¡Mas, ay, del triste quien la fiebre abrasa
y en tierra extraña suspirando siente
que muere el alma en eternal desmayo!

   ¡Oh, transportarme a mi paterna casa
y allí dejadme calentar la frente
del sol de Cuba al abrasante rayo!
