   Como un chorro de fuego, de la altura,
diamantina cascada al mundo arroja
del sol la esfera coruscante y roja
y, al beso ardiente de su lumbre pura,

   canta su amor el ave en la espesura,
se abre la nueva flor, tiembla la hoja,
y del henchido grano se despoja
la seca espiga de la mies madura.

   En busca de la sombra va el ganado;
al aprisco sus pasos acelera
mordiscando al pasar la yerba erguida.

   Y el rudo labrador deja el arado
y va al rústico hogar donde le espera
la amante esposa y la frugal comida.