   ¡Oh, adorable gorrión! ¡Oh compañero
cuánto a mí te pareces y asemejas!...
Habitamos los dos las mismas tejas:
yo un sotabanco, tú bajo el alero.

   Apenas brilla el resplandor primero,
cantando alegre tu refugio dejas;
yo también, al sentir que ya te alejas,
de mi augusta mansión parto ligero.

   Juntos salimos a buscar la vida;
tú el puñado de rubios cereales,
yo, la media peseta consabida.

   Mas aquí se divorcian nuestros males;
tú encuentras casi siempre la comida,
pero yo pocas veces los dos reales.