   Cuando el viento los árboles desnuda
arrastrando las hojas por el suelo,
aquellas que más juntas puso el cielo
más las separa su inclemencia ruda.

   Calma después su cólera sañuda;
y él, que cortó tan cariñoso anhelo,
al ver las tristes hojas sin consuelo
a unirse nuevamente las ayuda.

   Dios, pues, que vio nuestra desgracia impía;
Dios, que nos vio luchar contra la suerte,
Dios, que nuestra constancia desafía,

   con su muda elocuencia nos advierte
que otra vez se han de unir tu alma y la mía,
aunque sea a las puertas de la muerte.