   Tiene pálido el rostro; la mirada
inquieta, cómo férvido oleaje;
cubre su cuerpo tétrico ropaje,
y su sombra, el capaz de la emboscada.

   Con frases de cariño disfrazada,
lo mismo miente al vil que al personaje;
no le arredra la culpa ni el ultraje,
con tal de su impotencia ver vengada.

   Sembrando por doquier dolo y perfidia,
se cuela por resquicios y postigos,
con el bien y el talento siempre en lidia.

   ¿La conoces tal vez? ¿Fueron testigos
tus ojos de sus hechos? -Sí; es la envidia;
es el mentor que tienen «mis amigos».