   Ignorante, ladino, marrullero,
hablador sin discurso ni templanza,
prosélito ferviente de la holganza,
egoísta. cobarde y embustero.

   Ridículo, soez y majadero,
ayuno de instrucción y de crianza,
sin más bello ideal que la pitanza,
sin otro concebir que lo rastrero.

   Este fue Sancho; pozo de simpleza,
repugnante plantel de villanías,
semillero fecundo de torpezas,

   rémora de sublimes hidalguías;
compendio de ese ambiente de bajezas
que respira la España de estos días.