   En medio de la huerta valenciana
plugo a Dios demostrarnos su grandeza
reuniendo los tesoros de belleza
diseminados en la raza humana.

   Tomó de la adorable circasiana
el caudal de hermosura y gentileza;
de la amante odalisca, la fiereza,
y la heroica virtud de la cristiana.

   Tras un estudio rápido y profundo,
fusionó con su gracia peregrina
las que supo reunir en un segundo,

   y, por augusta voluntad divina,
el más lindo ejemplar brilló en el mundo
de arrogante mujer: la torrentina.