   ¡Oh, cementerio, templo de los yertos...!
De Noviembre en el triste desvarío,
hacia tu seno tétrico y sombrío
nos arrastró el amor de nuestro muertos.

   Sobre tus sauces de sopor cubiertos,
los agoreros pájaros de estío
discurren en tu seno, yerto y frío,
y salmodian sus lúgubres conciertos.

   Entre las sombras de tu seno, inciertas,
tristes presagios de pesar, despiertas;
porque la mente de dolor transida

   sufre por cosas que creyera inciertas...
¡Ay! En la lucha cruenta de la vida,
¡cuántas almas que viven, están muertas...!