   Pasó por fin la tenebrosa era
de los fríos, las nieblas y la bruma;
cantan las aves de dorada pluma
en la florígera y vivaz pradera.

   Flagrante el Sol, en la celeste esfera,
la tenue escarcha del albor abruma,
y en el espacio diáfano se esfuma,
dejando paso ya a la Primavera.

   Naturaleza, embellecida, torna
a vestirse de galas y primores
de ingente luz y de gallardas flores.

   Renueva el campo y el collado adorna
con capullos de vívidos colores
porque ya Marzo plácido retorna.