   De tu divina efigie en la tarjeta,
preciosa frase de pasión grabaste;
y tras tu firma, luego que fechaste
besé la copia de tu faz coqueta.

   «-Por largos años estará sujeta
tu vida a mi existencia -suspiraste-
o apagárase, en mágico contraste,
mi firma, con mi amor, toda completa».

   Ya ha vuelto el mes aquel, de mí, más caro;
más fiel es Julio, pues tu amor se ha ido,
como se apaga en lontananza un faro.

   Mas, ¡ah!, tu juramento te ha vendido,
tu firma, con tu amor, ya se ha extinguido,
y ¡qué casualidad! Julio está claro.