   Bate la nieve los tejados, dura,
del aire hendiendo la flotante niebla,
y de sus copos nítidos se puebla
la extensa tierra con sutil albura.

   Alfombra cubre, de vivaz blancura
el yerto suelo que mortal despuebla
y de la noche en la letal tiniebla
se oculta el mundo con fatal tristura.

   Así el destino inexorable y rudo
al hombre, el cielo de la dicha vela
y con las nieves del dolor, austero,

   en el invierno de la vida, crudo,
marchita el alma y de pesar la hiela.
¡Qué también tiene el corazón su Enero...!