   Como gallardo paladín, que al freno
de su corcel asido se abalanza
y el campo de la guerra, presto, alcanza
llevando el corazón de sueños lleno,

   del tiempo, Abril, en el eterno seno,
en su carro flamígero se lanza
de rayos al través y alegre avanza,
flores al mundo y luz brindando ameno.

   ¡Oh, dulce Abril que iluminó los días
de mi niñez feliz...! ¿Por qué no envías
tu brillantez al corazón ajado,

   como a la fronda tus fulgores baña
y de mi pecho apartas empañado
las negras brumas que mi vida empañan?