   La indecisión en mi ánimo domina,
al manchar entre dudas y temores
con mis marchitas e inodoras flores,
tu álbum inmaculado, Catalina.

   La página primera me destina
tu bondad. ¡Quién pudiera los colores
robar al alba y plácidos rumores
a la sonante fuente cristalina!

   Con ellos complacido entretejiera
don preciado, poético, brillante,
que orgullosos a tus plantas depusiera.

   ¡Imposible! A tu súplica galante
contesta como nota lastimera
el canto gutural de un ave errante.