   Al recuerdo, sin fin, de mi ventura,
aun el alma vibrando se estremece
como tiembla, de noche, allá en la altura,
Sirio, que nace cuando ya oscurece.

   Y es que beber en tu mirada pura
lágrimas de otros tiempos me parece,
y creo sentir en tu vital blancura
ese suave calor que crece y crece...

   Deja, deja que goce, amada mía,
de aquel tiempo pasado en mi agonía;
pues aunque mi cariño vive muerto,

   ahogada la ilusión, te sigo amando...
¡qué no hay cosa mejor que estar soñando
si se sabe soñar y esta despierto!