   La blanca vela desplegando al viento,
el azuloso mar surca triunfante,
reclinada la borda vacilante
al impulso del loco movimiento.

   Dominador del líquido elemento,
parece que su dicha ve distante
y que en pos de ella lánzase anhelante,
como tras la ilusión el pensamiento.

   Desde un peñón, en la arenosa playa,
pasar le veo la cerúlea raya
que al mar y al cielo en el confín divide.

   Y al ocultarse en el espacioso umbroso,
se esfuma como un cisne misterioso
que moviendo las alas se despide.