   Ya el sol vibraba sobre el claro Oriente
y en carro de oro entre la mar salía,
cuando ya Euterpe en mi interior decía:
canta el día de Juan, gloria eminente.

   Holgábase con esto ya la mente
en obsequiar tu alegre y feliz día;
de intérpretes sirvió la pluma mía
y el pecho aquí grabó lo que en sí siente.

   Huye las penas, que el vivir penando
es muerte doble a tu orfandad injusta
que acero impío de asesino bando,

   labró malvado... y en tu edad adusta,
recuerda siempre que nos son prestados,
el oro, hacienda, y el vivir amados.