   Tejieron en tu honor, hermano mío,
consagrados efectos bienhechores,
esta corona de admirables flores,
para librarlas de abandono impío.

   Les dio tu numen mágico atavío;
tu sentimiento, aromas y colores;
el hondo manantial de mis dolores
les dará de mis lágrimas rocío.

   Esta ofrenda el cariño te destina:
el libro en que tu espíritu se siente
y que tu genio altísimo ilumina.

   Si, en larga noche, mi pensar doliente
sobre sus hojas mi cabeza inclina,
tu alma querida besará mi frente.