   Huye el invierno: a tu sonrisa pura
nacen las mariposas y las flores;
los pájaros, tus dulces trovadores,
celebran en la fronda tu hermosura.

   Los campos con su verde vestidura
del labrador compensan los sudores,
y en tus brillantes galas, sus amores,
sus glorias, simboliza la criatura.

   Desde el átomo al ser tu influjo alcanza,
y a tus dones la tierra, agradecida,
himnos de honor a los espacios lanza.

   Nos dejas, por consuelo, en la partida,
y en señal de retorno, la esperanza,
¡supremo bien de la afanosa vida!