   En la margen del Betis murmurante,
donde expira, entre flores, la onda inquieta,
en monumento digno del poeta,
su hermosa estatua se alzará triunfante.

   El sol le ofrecerá nimbo radiante;
sus perfumes, la rosa y la violeta;
la aurora, el beso de su luz discreta;
el crepúsculo, brisa refrescante.

   Traerá la noche espíritus y hadas,
visiones de Leyendas peregrinas
que poblarán las verdes enramadas.

   La alondra y las oscuras golondrinas
cantarán, al lucir las alboradas,
las Rimas inmortales y divinas.