   Consagró a Dios en el altar cristiano
su fe, su corazón, su inteligencia;
brotaba de su labio la indulgencia,
la caridad bendita de su mano.

   Culpas y errores que del ser humano
ennegrecen y manchan la conciencia,
confundió con su ejemplo y su elocuencia,
mostrando el bien eterno y soberano.

   ¡Varón preclaro, de virtud modelo,
recibe los altísimos honores
que te rinden gozosos tierra y cielo!

   Y en tu solio inmortal de resplandores,
no olvides, no, las sombras de este suelo;
¡da a nuestras almas luz con tus favores!