   No ajadas por el tiempo, como el día
en que amor o doblez os escribieron,
os mostráis a mis ojos, que tuvieron
en vosotras su luz y su alegría.

   Olvido injusto y esquivez impía
mi pobre corazón rasgar pudieron;
pero yo no os rasgué, que os defendieron
mi fiel cariño y la constancia mía.

   Aún guardáis, como resto de ventura,
¡hojas en que mi amor logró su palma!
promesas y palabras de dulzura.

   Y diréis siempre a mi dolor sin calma
que en un frágil papel subsiste y dura
lo que tan pronto se borró de un alma.