   «Cruza sin mí los espumosos mares;
saluda, ¡oh nave!, de mi patria el muro,
y déjame vagar triste y oscuro
por la orilla del lento Manzanares.

   Si osa turbar la paz de tus hogares
de soberbio extranjero el soplo impuro,
otra defienda con el hierro duro
su libertad y mis nativos lares.»

   Esto decía yo cuando las olas
surcó la nave en que partir debía,
y abandonó las costas españolas.

   Ella al impulso plácido del aura
voló a la orilla de la patria mía...
y yo en los brazos me volví de Laura.