   Marcial suena el tambor y la trompeta
afila sus aullidos en el viento,
mil bocas acompasan el lamento
que en la noche desgrana la saeta.

   El silencio quebró la pandereta,
late el duelo en los ojos y presiento
que ese Cristo yaciente es el portento
que detendrá el aliento del planeta.

   Un aluvión de cuerpos espectrales
en la aurora morada se encadena
al tormento y al llanto, tras la rejas

   de su cárcel de luto, los mortales,
heridos de pasión, purgan sus pena
mientras entre mil flores Tú... te alejas.