   Murió al albor del alba madrugada
en estertor helado sobre el suelo
y en postrera merced cuajara el cielo
de golondrinas blancas la alborada.

   Del céfiro silbante la balada
que aventara zorzales en su pelo
ha labrado en su piel rosas de hielo
y velado sus ojos despiadada.

   Y no volvió a las ondas cristalinas
ni el juncal alfombró dulce a su paso
en cortejo de azul algarabías,

   sólo el ámbar de hiel y las espinas
sembradas en el surco de su ocaso
musitan vendaval de avemarías.